Viajamos en colectivo. Vamos a la carnicería, panadería y verdulería. Que buenos tomates tiene hoy el verdulero! Tomamos un café en el bar de la esquina. Y en ese bar que no es en la esquina. Vamos al banco, que cola insoportable. Compramos un billete de lotería. Volvemos en subte.
Habiendo hecho esto podemos decir sin sorprender ni sorprendernos que estuvimos solos todo el día.
Compramos la fruta, la carne, las flores, el cafe, viajamos en subte o colectivo sin relacionarnos minimamente. Se descuenta un cordial saludo y un comentario del clima. ¿pero si nos detenemos un momento? ¿si en vez de correr sin mirarnos a los ojos buscando atesorar minutos que luego malgastamos viendo a Tinelli (y por lo tanto llenando nuestra cabeza de más prisa) nos permitimos "perder" el tiempo conversando con el verdulero? Quizás hace mucho tiempo que le compramos y no sabemos su nombre, ni de dónde viene, ni cómo llegan los tomates a nuestra ensalada.
Mientras no nos detengamos seguiremos solos. Perder el tiempo es la única manera de ganarlo.